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Abuelita Mazapán

 

Nana Jovita llevaba entre sus manos arrugadas un grueso de cempasúchil y otro de terciopelo; tenía la mirada triste y cansada. Había escuchado al burro cantar a deshoras y estaba preocupada y es que siempre que el burro canta cuando no debe cantar, alguien de la familia se muere. Así había pasado con el Tata Polito, con la tía Raque y con mi hermanito; la muerte había visitado tanto esta casa que bien podría haberse vuelto nuestra amiga, pero Nana Jovita no la quería ¿y es que cómo hacerlo con tanto dolor cargando a cuestas?

Las flores eran lo único que nos faltaba para acabar la ofrenda; durante la mañana habíamos hecho el mole y también los buñuelos, el tío Ramón había colocado los cajones y armado el arco mientras Chabelita y Desiré terminaban de bordar las servilletas. Yo había colocado las velas, la sal y las jícaras con agua y Nana Jovita las calaveritas de amaranto y el camino de pepitas que después completaríamos con pétalos. Habíamos cubierto los espejos y puesto las fotografías entre los marcos de madera.

El tío Ramón había comprado dos botellas; una de mezcal y otra de aguardiente y también se había ocupado de forjar los cigarros -tal y como al Tata Polito le gustaban. Yo estaba emocionada, la sola idea de pensar que mi hermano y mi papá volverían a casa esa noche era motivo suficiente para estar feliz, y, sin embargo, al ver a Nana Jovita en ese estado me ponía muy triste; era como si todos los años que llevaba de vida se le hubieran juntado de un solo golpe en su carita redonda.

De pronto, se paró en seco. Me dio las flores y me pidió esperarla allí junto a la botica mientras ella caminaba hacia la esquina, en donde una mujer con un rebozo negro la miraba. Por un momento sentí que la conocía, su piel morena, sus ojos brillantes y negros, me recordaba a alguien, pero no estaba segura. Las dos platicaron un rato, Nana Jovita se veía enojada al principio, pero poco a poco su actitud cambió y terminó por despedirse con un abrazo de aquella mujer que se perdió caminando entre las calaveritas de azúcar y los puestos de calabaza y camote del mercado.

La abuela volvió diferente, su mirada estaba llena de vida y tenía una pequeña sonrisa pícara en la cara; hasta había dejado de renguear y caminaba un poco más rápido. Me quitó las flores y me dio la mano llevándome al jardín principal, allí adonde Perita vendía nieves; compró una para mí y otra para ella y nos sentamos un momento en las banquitas del mezquital.

-Que no se te olvide jamás que mi dulce favorito es el mazapán Matita- me dijo tiernamente.

-Claro que no Nana, aunque ya no lo puedes comer por lo de tu azúcar.

-Ya se Matita, pero que no se te olvide. También quiero que recuerdes otra cosa: Tienes que amar, amar mucho porque lo único que queda cuando uno se va son los pedacitos de amor que uno dejó en su camino.

– ¿Hablas de los recuerdos bonitos Nana?

-Si Matita, de eso hablo. Hay que dejar muchos recuerdos bonitos en nuestra vida para que cuando muramos nos recuerden de una forma tan dulce como el mazapán.

Yo sonreí, recargué mi cabeza en su hombro y me terminé la nieve. Ella solo acarició mi cabeza y besó mi frente; cuando se acabó su nieve volvimos a casa a terminar el altar.

Entre todos pusimos las flores en el arco y también en los floreros, esta vez me dejaron quitarle los pétalos al cempasúchil que estaba roto o torcido para hacer el caminito desde el portal hasta el altar. Nuestra casa olía dulce, era el copal y la mermelada de chabacano, la calabaza y el chocolate; y la luz del sol que llegaba del atardecer, iluminaba todo como si fuese un ámbar. Poquito antes de que anocheciera y las campanas anunciaran la llegada de las almas, vi a Nana Jovita caminar hacia el altar y poner un par de mazapanes escondidos entre las flores.

Se me hizo raro porque ella era la única en la casa que los comía, pero cuando uno es chamaco no le da tanta importancia a las cosas que deben importar. Se empezaron a escuchar las primeras campanadas y prendimos las velas, blancas y rojas como a Tata Polito le gustaban; acomodamos la comida y pusimos una muñeca y un trompo también por si algún alma chiquita se acercaba.

Nos quedamos quietos mirando y esperando, un par de horas después decidimos que era hora de ir al cementerio. Nana Jovita dijo que ella se iría a dormir porque estaba muy cansada, se despidió de todos con un beso y un abrazo y se fue a la cama. El resto de nosotros salió de la casa rumbo al camposanto, en el camino volví a toparme con la mujer del rebozo negro, ella venía del otro lado de la calle, llevaba el rostro cubierto, pero pude verla sonreír y guiñarme el ojo; sentí algo en el estómago, como un piquete, pero tampoco le di importancia y seguí caminando.

Volvimos antes del amanecer y el burro cantaba, cuando el tío Ramón lo escuchó se puso más pálido de lo que estaba. Corrimos hacia el cuarto de Nana Jovita para encontrarla con sus ojitos cerrados; se había ido esa noche, aquella mujer se la había llevado al igual que con mi tía, mi padre y mi hermano. La muerte me había sonreído y mi abuelita me dio su último recuerdo de mazapán para honrarla siempre aquella tarde de noviembre.

Texto: Paola Klug

Fotografía: Mujer nahua bordando en Chililico, Hidalgo por Nacho Lopez

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Muchas gracias a Con Arte Se Puede por esta bella entrevista 🌙👏 Sigan su página, son promotores culturales increíbles y comprometidos con su trabajo.

 

Gente linda de Michoacán: Tengo el placer de invitarlos a la tercera edición de la Feria Alternativa y Autogestiva del Libro el próximo Domingo 24 de Febrero en Plaza Morelos ( Frente a la Huatepera)

La presentación de mis Relatos de las Brujas Morenas se llevará a cabo en punto de las 11:00 AM en el escenario principal e impartiré un Taller de Creación Literaria a la 1:30 PM en el espacio dedicado a los talleres.

En la Feria también estará presente Paco Ignacio Taibo 👈 Agradezco a la senadora

Brenda Fraga G la invitación y el compromiso con la cultura del hermoso estado de Michoacán. ¡Corran la voz! ¡Allá nos vemos! 🌲💙

Para mayores informes por favor lean la descripción del evento:

https://www.facebook.com/events/382650435897039/

 

Conferencia Completa dentro del marco de la presentación del libro “Relatos de las Brujas Morenas” en la CDMX. Centro CREA. 2 de Febrero del 2019

 

Se cuenta que una tarde de febrero, justo en el punto medio del solsticio de invierno y el equinoccio de primavera un aquelarre de brujos y brujas morenas se reunieron para reencontrarse. Se dice que aquella tarde cambió el curso de sus vidas y que después de esa reunión llevada a cabo en la hermosa Tenochtitlán, las bolas de fuego y los nahuales volvieron a aparecer entre los campos, pueblos y ciudades reclamando su identidad y magia 🖤🙏🌿 Presentación de los Relatos de las Brujas Morenas / 2 de Febrero 2019, Ciudad de México.

Canción ” Tenochtitlán” / OME

CENTRO CREA

 

¡Hola gente linda de la CDMX! Los espero el sábado 2 de Febrero en el Centro CREA para presentarles a las Brujas Morenas; es mi primera presentación en la ciudad de México, así que estoy emocionadísima por volver y platicarles todo acerca de las Brujas Morenas: Sus nombres, historias y la forma tan bonita que tienen de hacer magia.

Habrá lectura y charla ¡No falten y corran la voz! La entrada es LIBRE.

PREVENTA DE LIBROS solo por mail: paolamklug@gmail.com / Asunto: Preventa

Puedes pagarlos en el transcurso de este mes y te los entregaré en la mano ese día.

La cita es a las 5 de la tarde en Prosperidad 92 Col Escandón

El metro más cercano: Patriotismo linea 9.

Las estaciones del Metrobús cercanas son:
*Escandón, (sobre la misma calle Prosperidad)

*Nuevo León (sobre Av. Insurgentes, estación de transbordo)

Estacionamiento público a una cuadra.

Evento en FB:  Presentación de las Brujas Morenas

¡No faltes!

Había sido una noche muy fría, tanto que ni los grillos salieron a cantar entre la hierba. Mi papá me dijo que estaban en sus casitas, horneando sus pasteles de pasto con arándanos. Mientras me lo contaba pude imaginarlos, sentados sobre sus pequeñas sillitas alrededor de una mesa llena de platos; nosotros estábamos solos, mamá había muerto unos meses antes y era nuestra primera navidad sin ella. Papá hizo lo que pudo para cocinar, no era un experto en amasar nada, pero era genial llenando las hojas de maíz con los tamales. Hizo el ponche y también un atole dulce, aunque se le quemó.

Comenzamos a cenar en silencio, creo que el fantasma de mamá nos impedía hablar, pero después de un momento, todo rastro de tristeza y dolor fue desapareciendo entre las velas que habíamos colocado sobre la mesa.

Después, la recordamos, hablamos de todas esas cosas que ella hacía y decía y nuestras lágrimas se transformaron en risas y nuestra tristeza en alegría, habíamos sido afortunados de tenerla en vida, de tener recuerdos de ella capaces de alumbrar nuestro corazón. Mi papá se levantó de la mesa, caminó hasta el ropero y volvió con dos cajas de regalo, la primera me dijo, era la que mamá envolvió para mí en el hospital, la segunda era el regalo que él me daba.

Hice a un lado los platos frente a mí, abrí con desesperación la primera caja arrancando el listón y el papel con que estaba envuelta. En su interior había un objeto redondo cubierto por papel de china; mis manos temblaban al sostenerlo, pero mi papá me ayudó. Era un hermoso espejo viejo, uno que le había pertenecido a la abuela y a la madre de mi abuela. También había un papel doblado junto a él. Lo saqué con cuidado y lo leí:

“-Querida hija, sé que esta noche podría ser difícil y también sé que tu papá hizo un gran esfuerzo para ti, así que no quería quedarme atrás. Quiero que sepas que desde donde estoy, los veo y los amo, ahora con mayor capacidad porque mi corazón se ha ensanchado tanto como el universo. Estoy orgullosa de ambos, especialmente de ti.

Como sabes, este espejo ha estado en nuestra familia desde hace años y así ha sido porque todas nosotras lo hemos necesitado. Esta noche te lo entrego a ti y con él, te hago otro regalo:

Cada que te sientas triste, sola y perdida mira en su interior, dentro de él encontrarás a tu mejor amiga, tu mejor guía, tu más grande fuerza. No habrá obstáculo que no puedas vencer y cosa que no puedas realizar mientras la cuides, la escuches y la ames. Yo la conozco, la tuve entre mi vientre, la sentí moverse, la sentí crecer. La tuve entre mis brazos y deposité lo mejor de mí en su corazón, ahora haz lo mismo. Dale todo tu amor, porque ella lo vale.

Te amo hija, te amaré siempre. Sé buena con papá, sé buena contigo misma, hasta que nos volvamos a ver.

Con amor, mamá.”

Mis ojos se llenaron de lágrimas chiquitas, que fueron aumentando de tamaño mientras me miraba en el espejo. Ya había entendido lo que mi mamá me había querido decir. Papá puso la otra caja frente a mí y con una sonrisa grande y dulce me preguntó si haría el honor de abrirla.

Coloqué el espejo sobre la mesa y tomé el regalo de papá, lo abrí con más cuidado porque él estaba presente. Quité el listón, el papel y la abrí lentamente; dentro de ella había dos cosas: un retrato enmarcado de nosotros tres y una pequeña casa hecha de madera, hierba y musgo.

-La foto es para que jamás olvides que tienes una familia que te ama- dijo con su voz pausada. Sin importar nada, siempre estaremos para ti.

Lo abracé con fuerza mientras mi corazón latía con rapidez.

– ¿Y esa casa que es papá?

-Esa casa representa tus sueños. Desde que eras pequeña hablabas de la casa de los grillos, de la casa de las hadas, de la casa de los duendes del jardín; creí que era tiempo de hacerles una similar a la que imaginaste siempre para que puedan disfrutarla en las noches de frío.

La casa simboliza eso, el poder de los sueños, pero también la capacidad de hacerlos realidad.

Volví a abrazarlo, me sentí segura, me sentí querida y sonreí.

Ambos tomamos la casa y salimos al jardín, admito que tuve que cortar algunas flores de las macetas de mamá para decorarla un poco porque a papá le fallan un poco los detalles de decoración; sin embargo, estoy segura de que los grillos quedaron encantados con ella pues antes de dormir y mientras me miraba en el espejo, los escuché cantar del otro lado de la ventana arrullando el sueño de papá y también el mío.

Texto: Paola Klug